Me invitó a salir hace ya dos semanas.
Me hablaba de del gran amor y anhelo de tenerme entre su pecho, vernos al sonreír, estar juntos al amanecer...
Quería que yo le amara una vez mas, para poder descargar todo el deseo que llevaba reposado en su cuerpo.
Al aparecer de improvisto con un mensaje de espera en la salida de aquel lugar, no tendría nada de malo si simplemente hubiese sido una cita normal.
El estar enfrente de él, y sin esperarmelo, me hacía pensar que en realidad yo seguía siendo algo especial para él.
Comenzó a pedirme que lo acompañara a algún lugar en donde pudiéramos estar libres, sin molestias, me daría varias opciones la cual una de ella se me hacía parecida, pero luego de decírmelas todas di por entendido a donde quería ir.
Me negué más veces de las que me insistió, pero al final…
Me convenció, sí lo hizo, y de la manera más ingenua me deje convencer.
Me estaba invitando a lugar que alguna vez habíamos recorrido.
(5 letras)
Me merezco al premio de las estúpidas si te digo que me convenció de que si lo acompañaba no pasaría nada y que solos sería un descanso para él.
Sí que lo sería. Pero para él.
Luego de varios minutos de estar caminando, rodeando el centro de la ciudad, de insistirme, de decirme uno que otro alago y hasta presentarme un escrito ya leído de seducción, decidí creerle, al final no pasaría nada.
Para nosotros el mejor sitio es: un techo y cuatro paredes, el estar solos y encerrados es más que suficiente para perdernos de la sociedad.
El camino fue un segundo pausado por palabras que no llevaban al caso.
La caminata para acercarnos una vez más a ese establecimiento prohibido, no nos permitía ni el solo hecho de bajar la cara para no dejar testigos. Era algo incontrovertible.
Nuevamente en aquella habitación de cortinas de nailon blanco con rojo y clima cálido espesaba la cita con muchas palabras, delicados silencios que mareaban mi cabeza y fatigaban mi pecho, era algo perturbante para el deseo.
Yo estaba más que segura que no pasaría nada así que no hice ningún esfuerzo para llamar su atención, pero para que darle más vueltas al asunto.
Sí.
Hicimos el amor como dos fieras con hambre, después de decirle y aclararle al principio que no pasaría nada, no te miento cuando te digo que casi logro mi objetivo.
Me derroque.
Yo ni siquiera estaba preparada esa vez, estaba horrible ese día; mi presentación para él era desbástale.
Me negaba a estar con él, quería que se diera cuenta que estaría aún mejor para él; que estaría más hermosa, como me él me solía llevar en sus sueños.
Fue invencible, el sentir sus besos y carias nuevamente era como respirar algo más que aire.
Me tenía atrapada en su red recostada sobre la cama, lo único que intente fue tratar de resbalarme por sus brazos para levantarme y seguir con mi plan.
Pero fue inesperado el momento en que me abrazo por la espalda y agarrándome por el cabello trato de demostrarme qué no me saldría con la mía.
Con su respiración en mi cuello, lo escuchaba mencionar toda clase de palabras que me hacían estremecer de saber que se darían con el, me hacían perder el camino hacia la calma, refundirme entre el placer, me incitaban a mezclarme en su cuerpo.
Por solo un segundo me desterró de este mundo. Me distrajo de tal manera que cuando reaccione ya podía sentir sus calientes y húmedos dedos en mi vulva.
Logro meter su mano a mi pantalón. Llegando a donde no podía, a donde no debía, ando con sus dedos el camino hacia la lujuria dentro de mis jeans.
Bueno, pues, perdí la cordura.
Me volví débil, caí en su bendito juego.
Ese día me di por vencida y convencida por su pudor. Me deje llevar por todo, menos por el juicio
Bueno te podrás imaginar.
Lo hicimos como si fuéramos un solo cuerpo.
La agonizante sensación de nervios al de abrir la cortina para tener sexo mientras miraba a los demás por el cristal. Fue el tope.
Yo estaba solo a su merced.
Estar de pie, acostada, arqueada, de espalda. En todo tipo de postura nos hacía afinar más la coneccion. Los espasmos de mi cuerpo eran incontrolables.
Para él parecía que no acaban las maneras para quererse meter mas en mis sentidos.
Aun siendo vagos mis repasos de aquella repetida habitación mi cuerpo trata de hablar.
Llegada la noche, salimos de aquella habitación como un par de desconocidos.
En este preciso segundo llegue hasta allá.
No le hable, no lo mire, solo caminaba a su lado, tenía pena, sentía que me había metido en un embrollo por el hecho de enredarme nuevamente en sus brazos. Quedarían más cicatrices en mi memoria para no parar de recordarle. Sentía pena por negarme a pertenecer a él.
Pues no podía, mis condiciones eran otras.
Caminamos hasta la parada del autobús, recuerdo que al llegar al punto de nuestra despedida, volteo a mirarme, me cogió de la mano y arrastrándome hacia su cuerpo me dio el beso más enorme de la vida.
En sus ojos solo decía que era mío y yo de él.
Pero todo termino en cuanto me subí al vehículo que me traería de vuelta mi redilad.
Me hablaba de del gran amor y anhelo de tenerme entre su pecho, vernos al sonreír, estar juntos al amanecer...
Quería que yo le amara una vez mas, para poder descargar todo el deseo que llevaba reposado en su cuerpo.
Al aparecer de improvisto con un mensaje de espera en la salida de aquel lugar, no tendría nada de malo si simplemente hubiese sido una cita normal.
El estar enfrente de él, y sin esperarmelo, me hacía pensar que en realidad yo seguía siendo algo especial para él.
Comenzó a pedirme que lo acompañara a algún lugar en donde pudiéramos estar libres, sin molestias, me daría varias opciones la cual una de ella se me hacía parecida, pero luego de decírmelas todas di por entendido a donde quería ir.
Me negué más veces de las que me insistió, pero al final…
Me convenció, sí lo hizo, y de la manera más ingenua me deje convencer.
Me estaba invitando a lugar que alguna vez habíamos recorrido.
(5 letras)
Me merezco al premio de las estúpidas si te digo que me convenció de que si lo acompañaba no pasaría nada y que solos sería un descanso para él.
Sí que lo sería. Pero para él.
Luego de varios minutos de estar caminando, rodeando el centro de la ciudad, de insistirme, de decirme uno que otro alago y hasta presentarme un escrito ya leído de seducción, decidí creerle, al final no pasaría nada.
Para nosotros el mejor sitio es: un techo y cuatro paredes, el estar solos y encerrados es más que suficiente para perdernos de la sociedad.
El camino fue un segundo pausado por palabras que no llevaban al caso.
La caminata para acercarnos una vez más a ese establecimiento prohibido, no nos permitía ni el solo hecho de bajar la cara para no dejar testigos. Era algo incontrovertible.
Nuevamente en aquella habitación de cortinas de nailon blanco con rojo y clima cálido espesaba la cita con muchas palabras, delicados silencios que mareaban mi cabeza y fatigaban mi pecho, era algo perturbante para el deseo.
Yo estaba más que segura que no pasaría nada así que no hice ningún esfuerzo para llamar su atención, pero para que darle más vueltas al asunto.
Sí.
Hicimos el amor como dos fieras con hambre, después de decirle y aclararle al principio que no pasaría nada, no te miento cuando te digo que casi logro mi objetivo.
Me derroque.
Yo ni siquiera estaba preparada esa vez, estaba horrible ese día; mi presentación para él era desbástale.
Me negaba a estar con él, quería que se diera cuenta que estaría aún mejor para él; que estaría más hermosa, como me él me solía llevar en sus sueños.
Fue invencible, el sentir sus besos y carias nuevamente era como respirar algo más que aire.
Me tenía atrapada en su red recostada sobre la cama, lo único que intente fue tratar de resbalarme por sus brazos para levantarme y seguir con mi plan.
Pero fue inesperado el momento en que me abrazo por la espalda y agarrándome por el cabello trato de demostrarme qué no me saldría con la mía.
Con su respiración en mi cuello, lo escuchaba mencionar toda clase de palabras que me hacían estremecer de saber que se darían con el, me hacían perder el camino hacia la calma, refundirme entre el placer, me incitaban a mezclarme en su cuerpo.
Por solo un segundo me desterró de este mundo. Me distrajo de tal manera que cuando reaccione ya podía sentir sus calientes y húmedos dedos en mi vulva.
Logro meter su mano a mi pantalón. Llegando a donde no podía, a donde no debía, ando con sus dedos el camino hacia la lujuria dentro de mis jeans.
Bueno, pues, perdí la cordura.
Me volví débil, caí en su bendito juego.
Ese día me di por vencida y convencida por su pudor. Me deje llevar por todo, menos por el juicio
Bueno te podrás imaginar.
Lo hicimos como si fuéramos un solo cuerpo.
La agonizante sensación de nervios al de abrir la cortina para tener sexo mientras miraba a los demás por el cristal. Fue el tope.
Yo estaba solo a su merced.
Estar de pie, acostada, arqueada, de espalda. En todo tipo de postura nos hacía afinar más la coneccion. Los espasmos de mi cuerpo eran incontrolables.
Para él parecía que no acaban las maneras para quererse meter mas en mis sentidos.
Aun siendo vagos mis repasos de aquella repetida habitación mi cuerpo trata de hablar.
Llegada la noche, salimos de aquella habitación como un par de desconocidos.
En este preciso segundo llegue hasta allá.
No le hable, no lo mire, solo caminaba a su lado, tenía pena, sentía que me había metido en un embrollo por el hecho de enredarme nuevamente en sus brazos. Quedarían más cicatrices en mi memoria para no parar de recordarle. Sentía pena por negarme a pertenecer a él.
Pues no podía, mis condiciones eran otras.
Caminamos hasta la parada del autobús, recuerdo que al llegar al punto de nuestra despedida, volteo a mirarme, me cogió de la mano y arrastrándome hacia su cuerpo me dio el beso más enorme de la vida.
En sus ojos solo decía que era mío y yo de él.
Pero todo termino en cuanto me subí al vehículo que me traería de vuelta mi redilad.