Aun que pase el tiempo, tal parece que no me arrepiento de haberte conocido.
Eres mi primer pensamiento en las mañanas cuando me despierto, el segundo después de levantarme, el tercero después de acordarme que no debo pensar más en ti.
Hoy no estás aquí.
Y es posible que no estés más en mí.
Pero es imposible no llevar en mi, esa deliciosa agonía que crecia en mis entrañas cuando me retor de deseo por ti.
No me gusta la manera en que me haces el amor; me gusta la manera en que por mí te dejas hacer el amor.
Y una vez más, agotada de no encontrar ese amor que por alguna vez de ti obtuve, vuelo a preguntarme algo terca ¿si debo seguir amándote de esta manera?
Solo el masivo dolor del recuerdo que de amor que llevas por otro corazón me da la respuesta.
Y me digo:
- ¡Qué alivio!
-No luchare más por ti.
-¡No lo haré!.
-Después de todo fuiste tú el que no quiso dar respuesta.
-¿Por qué debería remediarlo yo una vez más?
-¡No doy un paso más por ti!
Pero al parecer todos los días y sin querer, doy un pedacito de mi latir por verte sonreír una vez más.
Así sea de lejos.
Dando la espalda. Algo recostado contra la puerta de un coche negro de la cual sobresalía en la parte de abajo unas zapatillas Nike grises con algo de líneas verdes y un cordón suelto como de costumbre. Y, en la parte de arriba, un corte de cabello algo cortó y nuevo para la imagen que seguía de ti.
Esa fue la última vez.
La última vez que lo vi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario