domingo, 3 de noviembre de 2013

Eso paso un 24 de diciembre.

Mi madre había colocado uno de lo muebles de la sala en mi cuarto; al lado de la cama, de esos muebles que son grandes, acolchados muy calurosos y echos en cuero color veis. Lo había dejado hay por unos días mientras pasaban la fiestas de fin de año. Hasta ese día ni siquiera me había sentado en ese mueble mientras estaba en mi cuarto, solo lo utilizaba para colocar las cobijas cuando hacia la cama o aveces la visitas. Pero en aquel sol de la mañana mientras el reloj marcaba no se que hora, las cobijas ese día se quedarían en el suelo, y ese sofá pasaría hacer parte de un trió. Ese mueble fue mas que un cómplice en esa escena, el también tuvo todo que ver en lo que sucedió ese día. En ocasiones me arrodillaba ante el colocando mi pecho encima de mis brazos en el asiento mientras que el otro cuerpo me hacia sentir algo mas que un calor pasajero. También; el otro cuerpo se sentaba, reposaba en ese sofá, al igual yo me sentaba encima de el colocando mis manos sobre sus rodillas ya casi que enterrándole las uñas. Fueron muchas la veces que hicimos el amor con el sofá ese día. Y seria mentirosa si dijera que fue al único que le hicimos el amor, las cobijas tiradas en el suelo también se unieron a esta travesía. Allí encima de suelo en esas cobijas conté cuatro moras para distraerme un poco, el calor en envuelto en las cobijas era sofocante. Cuando llego la noche pasaba ese lento pero fascinante calor con un trago de vino, pero este no era de mora si no de cereza. 
Cuando voy de salida de mi casa, siempre paso por la sala, pero ya ni recuerdo cual de los dos sillones fue el que nos sirvio de complice.

No hay comentarios:

Publicar un comentario