sábado, 26 de noviembre de 2016

Espantando memorias.

He hecho de todo para omitir tus recuerdos. Incluso he llegado a espantar como moscas los pensamientos que se posan en mi cabeza antes de abrir mis ojos. Se presentan como si fueran una tarea de todos los días, parecen que estuvieran programados por una máquina que automáticamente se activa al momento de despertarse mi subconsciente.
Pero espantarlos no basta.
En tan solo segundos de soledad. Pensamientos se tornan ilusionistas y a su vez drásticamente realistas.
Te presiento en una imagen similar. En segundos de soledad con derecho de pensar incluso en lo que no se puede pensar. Y mis líneas son:

Escuchando mis pensamiento en una silla con el torso más en el asiento que en el espaldar. Escurrido como un trapo viejo que no tiene más remedio que tirar a su infinita inutilidad, me pregunto...
-¿Acaso sabrá ella... que yo soy ese aroma que se expande cuando estas solo?
-¿Acaso sabe ella... que juegas conmigo en tus pensamientos y con tus dedos cuando no está presente?
-¿Acaso sabe ella... que tú me escuchas cuando te llamo y vienes a mí en los segundos que te ausentas mentalmente?
-¿Acaso sabe ella... de mi existencia en tu cama cuando al finalizar el día apagas la luz y me imaginas en tu cama?
-¿Sabe ella que duermes conmigo en la mañanas cuando ella se despide de ti?
Imaginó que debe estar algo cansada de tratar de hacerte feliz, pero al menos ella puede intentarlo, a mí solo me quedo la parte de la soledad.

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